Los hackerspaces existen para propagar la libertad informática y mental. Si el que te queda más cerca no lo hace, es porque no es un hackerspace.

Kernel Panic Room nació de la necesidad de tener un tercer lugar distinto en la ciudad de Querétaro. En primera, como espacio neutral de encuentro que gire alrededor de la afinidad tecnológica de la gente. En segunda, como un taller físico que motive al aprendizaje práctico alrededor de la tecnología y la cultura libre. En tercera, como un centro de investigación independiente, que permita disminuir la brecha de información que existe entre quienes tienen acceso a las herramientas más poderosas y la información más recóndita, y quienes que no.

Desgraciadamente, los hackerspaces son difíciles de mantener a flote. Los modelos financieros bajo los que se ven obligados a regirse en la vida real siempre tienen que ver con aportaciones voluntarias, o el cobro de membresías obligatorias. Ambas líneas de acción vienen con potenciales beneficios y consecuencias.

KPR fue fundado por dos individuos interesados en la existencia de un lugar con las características antes mencionadas, pero sin caer en problemas de financiamiento grupal. La tirada era establecer un espacio y difundirlo para que al menos exista la idea de un hackerspace en el incosciente colectivo de la ciudad.

El primer espacio que ocupó KPR, en 2018, fue un cuarto de azotea en Allende #21, en el centro de Querétaro, subiendo una escalera mágica, escondido encima de una libreria que a su vez estaba escondida detrás de una tienda de discos, un lugarcito de rámen y un patio en constante disputa. Después de varios meses ahí, del cierre repentino de la tienda de discos y el rescate inesperado de varios BTC de un viejo disco duro (y la posterior recompensa por hacerlo) se tomó la decisión de formalizar un centro cultural más amplio.

Durante el 2019, el hackerspace existió como parte de un proyecto cultural llamado CCC, junto con una libreria, una galeria y una barra de cerveza postapocalíptica. Por cuestiones de consciencia e ideología, y porque el modelo de negocios de una empresa cultural, al final, no es compatible con el objetivo primordial de compartir del hackerspace, KPR dejó el plano terrenal y dejó de tener un espacio físico a inicios de 2020, a tiempo para la pandemia, para convertirse en este espacio virtual y todos los derivados.