09/10/2020

Tú y la desobediencia civil

Amar tu tierra es practicar desobediencia civil En 1848 los Estados Unidos le declararon la guerra a México. Como siempre pasa con las guerras, no fue el pueblo estadounidense el que declaró esa guerra, sino la clase política, preocupada por intereses económicos de clase. Me atrevo a decir que las personas “de a pie” que sí apoyan toda clase de guerras, masacres y violencias no son más que víctimas del eterno ruido de fondo de la propaganda. Y la propaganda, a su vez, no es más que las proyecciones de los poderosos en búsqueda de más poder. Y la única razón, finalmente, por la que alguien busca poder hacia afuera es porque no tienen ninguno adentro. En 1848, durante la guerra contra México, Henry David Thoureau decidió que pagar impuestos que contribuyen a un acto criminal es en si mismo un crimen, y se rehusó a pagar. El gobierno, desde luego, tomó sus medidas y lo metió al bote por unos días (hasta que su buen amigo Ralph Waldo Emerson pagó la fianza). En el tiempo que pasó enjaulado (llamemos las cosas por su nombre), sin embargo, Thoureau definió un principio fundamental que deberíamos comprender y adoptar todxs: la desobediencia civil. La idea es muy simple. Toda persona interesada en el progreso de su comunidad debe darse a la tarea de incumplir toda aquella ley que le parezca injusta y tener argumentos claros, públicos para ello. Alguno que otro pendejo por ahí dirá “entonces, ¿si creo que la prohibición de violar y matar niños es injusta debería hacerlo?”. No, pendejo, porque claramente estás violando las libertades ajenas en el acto. A lo que se refería el buen Henry David es a que existen leyes inmorales, como pagar impuestos para causas violentas o injustificadas. En ese sentido, en México, nadie debería pagar impuestos hasta que el Estado pueda garantizar que cumpla lo que promete. ¿La policía consiste de criminales poco educados que aprovechan su “autoridad” para ejercer violencia sobre el prójimo? Pues no les pagamos sus salarios y ya está, y que nos arresten a todos. Lo importante para ser contado como “desobediencia civil” específicamente es que la consigna bajo la que se toman las acciones esté clara y públicamente declarada. No es por nada que Henry David Thoureau es nombrado por algunos como el primer hippie de la historia política estadounidense. Tal vez a todos nos hace falta seguir sus pasos.